viernes, 5 de noviembre de 2010

cantemos en los bondis

El tipo sube al bondi y se pone a cantar, no pide monedas, canta por que le gusta la vida. Al toque los pensamientos; "este aparato" "que le pasa?" "porr diooss!", pensamientos que surgen de una estructura al averiarase, pensamientos que surgen del pensamiento de que las estructuras se compran hechas, se olvidan de lo artesanal.
El tipo canta y es feliz, no tiene miedo, cada bondi es un mundo efimero y él lo sabe, los ve subir, bajar, mirarse, pensarse, chocar, desconfiarse, luchar por un lugar para la comodidad, todo mientras piensan "cuándo se baja el que canta?", él lo sabe y no le importa, sigue cantando.
A mi, que viajo parado por que odio que me odien y prefiero dejar los asientos para los ambiciosos, me resulta muy reconofortante que aunque sea uno esté cantando, él lo sabe y me mira y en su mirada hay complicidad, situación por demás divertida al convertirme en nuevo protagonista de los pensamientos de los viajantes, y acá todo empieza a cambiar, la ves?
El tipo llego a su destino y nunca mas lo volvimos a ver, solo pienso que la proxima voy a cantar con él y tal vez asi consigamos otro complice que después tambien podrá cantar y uno mas cada vez, hasta que un dia los idiotas sean ellos.

1 comentario:

Atenea dijo...

Pero, yo creí que ellos ya eran unos idiotas. Lo que pasa es que es una idiotez invisible y disimulada. Por eso, blopa!

Un saludo desde Melmac (?)